Lo que es agroecología en la UMA

Lo que es agroecología en la UMA

Por Ana Lucía Castaño Galvis

Cuando les dije que iba a estudiar una maestría en agroecología, todos mis tíos y tías sonrieron algo desconcertados. Para ninguno era una sorpresa el hecho de que me encanta estar en el campo y trabajando con campesinos e indígenas. Su desconcierto no estaba en ese elemento, pues no era ninguna revelación. Más bien, creo que se preguntaban qué iba a hacer yo metida en un rancho dedicándome a “hacer agricultura sin químicos”. Y la verdad, no los juzgo. No tenían cómo saber que la agroecología es mucho más que quitarle los químicos al agro, y algo mucho más profundo que agregarle el sello “ecológico” a los productos agrícolas. Tampoco tenían cómo saber que mi maestría era mucho más que sólo obtener un título a cambio del desarrollo de un conocimiento. Y, si les soy sincera, esto último yo tampoco lo sabía. Quizá lo intuía y me emocionaba al leerlo en la página web, pero jamás pensé que la experiencia de estudiar en la UMA fuera lo que es. Aún así, con lo poco que sabía sobre la Universidad y el programa, me llené de grandes expectativas. ¿Cómo no hacerlo cuando por todos lados dice “agencia de cambio”, “regeneración socioambiental”, “transformación personal”? ¿Qué, sino grandes cosas, puede esperar uno de un programa que promete semejante formación?

Pues, a lo largo de este año, debo decir que —para mi gran sorpresa y satisfacción— todas esas expectativas han sido cumplidas y superadas con creces. Estudiar la Maestría en Agroecología y Sistemas Alimentarios Regenerativos no sólo me ha introducido al mundo de la agroecología y sus muchas caras: ha sido, sobre todo, una puerta de entrada para conocer todo un universo de posibilidades que existe para el desarrollo personal y colectivo en coevolución con la naturaleza. ¡Imagínense eso! Descubrir el mundo con otros ojos y comprender que nada está quieto en todo lo que nos rodea. Ver. Sentir. Escuchar. Olfatear. Saborear todos los alimentos como si fueran algo nuevo, re-descubriéndolos a través de la investigación personal y aplicada sobre Sistemas Alimentarios y encontrando a través de ellos una relación renovada con el mundo. Así, con esta experiencia transformadora y profunda, reafirmé una intuición que había cultivado hace varios años: la comida conecta al mundo casi tanto como la tecnología.

La cosa es que así como redescubro la vida a través de un sentido renovado de mí misma, el mundo y nuestra conexión a través de la comida, también comprendo los grandes problemas que nuestro modo actual de alimentación nos ha traído. Descubro que la producción agrícola y ganadera es responsable por el 92% de la huella hídrica de la humanidad, que consume hasta el 70% de los recursos de agua dulce a nivel global y que depende en su mayoría de personas en condición de vulnerabilidad y pobreza. Comprendo qué quería decir cuando trataba de explicarle a mis tíos que no sólo es “hacer agricultura sin químicos” y las implicaciones que esta afirmación tiene para la creación de proyectos alimenticios, agrícolas o gastronómicos. Investigo en la práctica soluciones para reducir la pérdida del suelo —nuestro recurso más valioso—, así como alternativas para la nutrición de las plantas que prevengan una mayor contaminación del agua por deslave de fertilizantes sintéticos. Y lo más importante de todo: desarrollo el poder de mi propia agencia personal para incidir directamente en estos problemas de talla global, y cambiarlos.

La Maestría en Agroecología es eso: un cultivar constante de mi agencia de cambio. Y un florecer paulatino de mi aprendizaje aplicado en proyectos socioambientales que generan valor para todos los involucrados, que contribuyen a la regeneración de agroecosistemas completos y que proveen una fuente inagotable de inspiración y -¿por qué no?- de alimentos sanos para nosotros y para todo lo que hace posible la vida en la tierra.

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