Hacia el rumbo bioclimático: Evaluación del espacio habitable
marzo 7, 2026Recientemente, tuve la oportunidad de colaborar en la aplicación de encuestas socioeconómicas en el ejido La Trinidad. Ubicado en la parte alta de la sierra de Montemorelos, Nuevo León, este lugar no es solo un punto en el mapa; es un microcosmos donde la conservación ambiental choca de frente con la realidad humana.

Foto de Elsa Hdz.
El ascenso
Nuestra ruta comenzó por el municipio de Allende, siguiendo el cauce del río Ramos. Conforme avanzábamos, el paisaje nos regalaba una lección viva de ecología. Fuimos testigos de la transición de la biodiversidad, dejamos atrás el matorral submontano para entrar en la frescura del bosque de encino, hasta culminar en un imponente bosque de pino-encino.
Las vistas son majestuosas, con pinos altísimos que parecen tocar el cielo. Sin embargo, esta belleza tiene un precio, el acceso. El camino solo es transitable en vehículos 4×4. Para quienes visitamos, es una aventura; para los habitantes de La Trinidad, es su única y difícil vía para bajar a la ciudad por suministros básicos.

Foto de Ana Hdz.
Entre el decreto y la realidad
El ejido se encuentra dentro del Parque Nacional Cumbres de Nuevo León. Según la LGEEPA (Art. 44), un Área Natural Protegida (ANP) busca preservar ambientes originales que no han sido alterados significativamente o que requieren restauración. Los Parques Nacionales, específicamente, se decretan por su belleza escénica y valor científico o recreativo. (CONANP, 2025).
Sin embargo, al conversar con la gente y practicar la «lectura de contexto», surge una desconexión alarmante:
- Desconocimiento del estatus, ya que la mayoría de los habitantes ignora que vive dentro de un Parque Nacional.
- Restricción sin alternativa, porque ellos saben que ya no pueden aprovechar la madera, pero desconocen los detalles del decreto y las obligaciones de las instituciones gubernamentales.
- Falta de organización, ya que al no entender las reglas del juego, se pierde la oportunidad de crear esquemas de manejo forestal regenerativo.

Foto de Ana Hdz.
El costo de «no tocar»
Antes del decreto estricto, los ejidatarios formaban cuadrillas de reforestación y saneamiento. Identificaban árboles afectados por la plaga del gusano barrenador, los extraían y evitaban la propagación, una actividad que a veces era remunerada.
Hoy, la prohibición total ha tenido efectos secundarios inesperados:
- Sobrepastoreo: Al no poder vender madera, han recurrido a la venta de ganado, lo que compacta y erosiona el suelo.
- Fragmentación del terreno: La venta de lotes para cabañas de descanso a personas externas se ha vuelto la nueva moneda de cambio.
- Deterioro forestal: Sin el saneamiento tradicional, las plagas pueden avanzar sin control humano directo.
La paradoja de la tranquilidad
Una respuesta repetida entre los habitantes. A pesar de las carencias de infraestructura, todos coincidieron en estar satisfechos con sus vidas. Afirman que nunca les falta qué comer y valoran la tranquilidad del monte. Su única petición genuina es tener oportunidades de trabajo dignas.
Pero esta paz es frágil. Los habitantes ya notan la reducción de agua en los mantos acuíferos. La falta de un manejo forestal adecuado afecta la infiltración de agua al subsuelo, lo que eventualmente secará las fuentes de las que dependen. Saben que parte de la responsabilidad de cuidar los bosques es de ellos, sin embargo la responsabilidad es de todos; ya que los bosques benefician a toda la humanidad.
Reflexión
¿Para quién es realmente el Parque Nacional? Si el decreto de conservación excluye a quienes habitan el territorio y los deja sin herramientas para gestionar su entorno, la protección es solo de papel.
La conservación no debería ser una prohibición que empobrece, sino un puente hacia prácticas regenerativas que permitan que tanto el bosque como su gente prosperen. Mientras no cerremos la brecha entre las leyes ambientales y la realidad social de ejidos como La Trinidad, estaremos protegiendo el paisaje, pero descuidando el ecosistema humano que lo mantiene vivo.
Escrito por Ana Hernández, estudiante de la Maestría en Innovación Educativa para la Sostenibilidad.
FUENTES
Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. (4 de junio de 2025). Áreas Naturales Protegidas. Gobierno de México.https://www.gob.mx/conanp/documentos/areas-naturales-protegidas-278226
“Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con las de la Universidad del Medio Ambiente”.

