
La descarbonización del sector agrícola en México
marzo 5, 2026En artículos anteriores hemos hablado de la importancia de la relación del ser humano con el medio en el que habita, de conceptos y aspectos relacionados con el bienestar, así como de las estrategias de diseño en la arquitectura que permiten que los espacios aporten a la vida, a la salud y al cuidado del entorno.
En esta ocasión exploraremos algunas herramientas que permiten evaluar el confort en los espacios habitables, un aspecto fundamental dentro de la arquitectura bioclimática.
Criterios de habitabilidad en la normativa
Buscando la definición de este concepto en el ámbito normativo, en un artículo de la Revista Vivienda Infonavit se destaca que no existe una definición establecida de habitabilidad, sino únicamente criterios físico-espaciales y de materialidad, dejando de lado las necesidades subjetivas. El texto reflexiona que tener una definición clara y transdisciplinar, de manera inicial a nivel federal, podría ser la base para que las normativas regionales y municipales nos guíen hacia una planeación territorial más adecuada (Urias Barrera, 2022).
Sin pretender tener una visión reduccionista del tema, al revisar el Reglamento de Construcciones de la Ciudad de México y el de Morelia, donde resido, tampoco se integra una definición formal. El cumplimiento de las llamadas condiciones básicas de habitabilidad se intuye principalmente a partir de dimensiones mínimas de los espacios, porcentajes mínimos de ventanas que consideran ventilación e iluminación natural, y ciertos parámetros espaciales que buscan asegurar condiciones mínimas para habitar.
Por otro lado, existe una norma de aplicación voluntaria, la NMX-AA-164-SCFI-2013. En ella, el confort se define como “estado físico de bienestar percibido por los usuarios, generado por el ambiente interior del edificio”, mientras que la habitabilidad se entiende como “la cualidad de habitable que tiene un espacio construido, en función de normas legales” (Secretaría de Economía, 2013).
Lo interesante de esta norma es que no solo considera aspectos de eficiencia energética y materiales, sino que también integra elementos urbanos como el uso de suelo, la movilidad, el paisaje y la biodiversidad. Además, incorpora la calidad del ambiente interior y aspectos de responsabilidad social. Otro punto relevante es que los requisitos aplican durante todo el ciclo de vida de la edificación, es decir, durante el diseño, la construcción, la operación y el abandono.
Reflexionando al respecto, considero que es complejo buscar un objetivo sin tener claro lo que se busca. Si bien existe una normativa que se enfoca en la edificación sustentable, surge la pregunta: ¿no deberían integrarse estos conceptos y requisitos en la regulación principal para la construcción en México?, ¿hacerlo haría más difícil la tarea de arquitectos y constructores?, ¿por qué es voluntario mejorar las condiciones de los habitantes y de nuestras ciudades?
Evaluación del confort en arquitectura bioclimática
Actualmente existen distintos modelos que evalúan el confort térmico y que pueden clasificarse según el ambiente que analizan, ya sea exterior o interior. Sin adentrarnos demasiado, resumiré las generalidades que hemos aprendido durante la especialidad.
En el caso del confort exterior, uno de los modelos más utilizados es el Physiological Equivalent Temperature (PET), que calcula el confort a partir de la sensación térmica y el estrés fisiológico del cuerpo en un ambiente particular. Este modelo utiliza datos específicos del usuario y factores climáticos del exterior para clasificar el confort en una escala de nueve categorías.
Otro modelo es el Universal Thermal Climate Index (UTCI), que identifica el confort a partir del intercambio de temperatura entre el cuerpo humano y el ambiente. En este caso se considera un estado de bienestar entre 9 y 26 °C y el confort se clasifica en once categorías de estrés térmico.
En cuanto al confort interior, se consideran principalmente dos modelos reconocidos por la norma ASHRAE 55. Uno de ellos es el Predicted Mean Vote (PMV), que se basa en la medición de la sensación térmica de un grupo de personas dentro de un espacio para predecir el nivel de confort que tendrá la mayoría, aproximadamente el 75 %. Para ello toma en cuenta factores climáticos, el nivel de arropamiento y la actividad metabólica de las personas. El resultado indica la sensación térmica del grupo en una escala subjetiva de siete puntos. Este modelo suele utilizarse en interiores que cuentan con sistemas de climatización.
El otro modelo es el Adaptive Comfort Model, basado en la idea de adaptación psicológica y conductual del individuo a las condiciones ambientales de distintos climas. Este modelo emplea un rango de aceptabilidad entre el 80 y el 90 %, y al analizar factores tanto del interior como del exterior identifica el confort en una escala de tres categorías. Actualmente es uno de los modelos más utilizados en arquitectura para evaluar espacios interiores que están ventilados de manera natural.
Simulación energética y análisis bioclimático
La evaluación del confort también puede realizarse mediante simulaciones energéticas en software especializado, como Rhino, Grasshopper y Ladybug. Estas herramientas permiten predecir el comportamiento energético de la edificación y las sensaciones térmicas del cuerpo humano, teniendo como base los datos climatológicos del sitio y condiciones específicas del habitante.
Uno de los aspectos más valiosos de este tipo de software es que permite identificar horarios, días y meses de disconfort, facilitando así el planteamiento de estrategias de diseño que mejoren el desempeño bioclimático de la edificación.
Beneficios del diseño bioclimático
Podemos encontrarnos con edificaciones excepcionales y bellas que cumplen al cien por ciento con las normas de construcción establecidas y, aun así, no son confortables para las personas que viven en ellas. Es en este punto donde cobra importancia la integración de los conceptos bioclimáticos en el diseño de las edificaciones, porque no debemos olvidar que proyectamos para seres humanos que vivirán en un sitio con condiciones específicas.
En este sentido, cierro con un concepto que está ligado a la bioclimática, la biofilia.
En el texto “14 Patrones de Diseño Biofílico”, los autores expresan que “el diseño biofílico es diseñar para personas como organismos biológicos, respetando los sistemas mente-cuerpo como indicadores de salud y bienestar dentro del contexto de lo que es apropiado y sensitivo localmente” (Browning, Ryan, & Clancy, 2017).
Este texto busca ser una guía que incluye recomendaciones, ejemplos y consideraciones de diseño para cada uno de los patrones biofílicos. Llamó mucho mi atención una tabla que resume cómo diferentes estudios e investigaciones han demostrado que la implementación de estas estrategias ha favorecido tres aspectos principales de la salud.
Y es que me resulta increíble cómo pequeñas acciones en el diseño pueden tener un impacto tan beneficioso en el ser humano. Además, con el ritmo acelerado en el que vivimos actualmente, todos deberíamos poder sentir alivio, refugio y, sobre todo, amor por vivir; y qué mejor si uno, como arquitecto, puede contribuir a ello.
Referencias
Browning, W. D., Ryan, C. O., & Clancy, J. O. (2017). 14 Patterns of Biophilic Design [14 Patrones de diseño biofílico]. (L. Penabad-Camacho, Trad.). New York: Terrapin Bright Green, LLC.
Secretaría de Economía. (2013). NMX-AA-164-SCFI-2013. Edificación sustentable. Criterios y requerimientos ambientales mínimos. Diario Oficial de la Federación.
Urias Barrera, H. E. (1 de julio de 2022). La habitabilidad: reflexiones desde la perspectiva de la normativa y los planes de desarrollo. Vivienda Infonavit, 18-23.
https://revistavivienda.infonavit.org.mx/2022/07/01/la-habitabilidad-reflexiones-desde-la-perspectiva-de-la-normativa-y-los-planes-de-desarrollo/
Escrito por Sofía Caballero (estudiante de la Especialidad en Arquitectura Bioclimática)
Las opiniones incluidas en este artículo son responsabilidad de quien las escribe, y no reflejan la postura, visión o posición de la Universidad del Medio Ambiente.

