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Viaje de aprendizaje

Viaje de aprendizaje

Un indio, un rumano, un alemán, un ayuuk y cinco mexicanas entran en dos camionetas. Parece un chiste, y aunque sí es una historia que contiene muchas risas, se trata del inicio del viaje de aprendizaje que vivimos algunas miembros de la UMA junto con asistentes del simposio de educación disruptiva.

¿Qué es un viaje de aprendizaje? Tal vez sea un pleonasmo, pues en todo viaje se aprende, pero en un viaje de aprendizaje se tiene el objetivo específico de visitar ciertos lugares con ciertas personas y de ahí construir algo juntos. En esta ocasión la visita fue a tres universidades en México que consideramos están en la vanguardia de hacer una educación diferente: El Centro de Estudios para el Desarrollo Rural (Cesder), La Universidad de la Tierra (Unitierra), y el Instituto Superior Intercultural Ayuuk (ISIA).

La visita al Cesder fue poderosa y emotiva. Escuchamos las palabras de varios de sus integrantes, muchos de los cuales entraron al Cesder a estudiar la secundaria y siguieron ahí con su educación hasta la maestría. El Cesder se encuentra en Zautla, en la Sierra Norte de Puebla, comunidad rural, campesina e indígena. Las palabras que emanaron de quienes ahí nos recibieron hablaban de vivir la revolución en sus propias vidas a través de la educación. Para ellos, poder obtener grados académicos en actividades que históricamente han hecho pero han sido despreciadas, como trabajar el campo, defender su territorio, educar desde otros puntos de vista, es un acto subversivo y transformador. Fue conmovedor la claridad con que en esta institución han logrado transformar la vida de las personas hacia donde éstas quieren ser transformadas.

Partimos de Puebla rumbo a la Ciudad de Oaxaca. En Unitierra nos recibieron Valiana, Gustavo Esteva y otros miembros de esta universidad. En este lugar, a diferencia del Cesder, no se expide ninguna clase de certificado; consideran que el aprendizaje es valioso por el significado que tiene para cada persona y por las comunidades que emergen de él.

En Oaxaca visitamos dos proyectos que trabajan con Unitierra. Uno de ellos, en el pueblo de Huitzo, tiene un espacio gestionado por mujeres en donde en tres años ya han instalado una cisterna recolectora de agua pluvial para 500 mil litros, baños secos, un temazcal, y donde dan cursos sabatinos. La organización y entusiasmo de estas mujeres es envidiable, además de que nos dejaron muy en claro algo que ya había estado rondando nuestras cabezas desde el simposio: el aprendizaje es algo colectivo, sólo aprendemos con lxs otrxs.

El destino final fue ISIA. Después de cruzar la Sierra Ayuuk (Mixe) y de largas horas en la carretera, el Istmo nos recibió con altas temperaturas y los testimonios de estudiantes provenientes de varias culturas indígenas del país. ISIA es un lugar ejemplar en cómo encontrar armonía cuando conviven tan diversos idiomas y formas de ver el mundo.

El viaje de aprendizaje, para mí, cumplió con su propósito. En ocho días aprendí no sólo de las universidades que visitamos, sino de la convivencia con mis acompañantes viajeros. Me queda muy claro que la educación es una manera de relacionarse con los otros y con el mundo, y que por lo tanto si queremos cambiar cómo se dan estas relaciones, tenemos que empezar cambiando la manera en que concebimos el aprendizaje.

Alejandra Ortiz Medrano
Directora del área Innovación Educativa para la Sostenibilidad

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