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Cuando la UMA me encontró, me encontré

Cuando la UMA me encontró, me encontré

Por Ada Rivera

Era el mes de Diciembre de 2018, cuando reflexionaba acerca del trayecto de mi vida, el cual estaba caracterizado por la exploración de múltiples caminos, estudié una licenciatura en negocios internacionales, aprendí de repostería, huertos y lombricompostas, música, danza, fotografía, antropología; emprendí un par de negocios, y estuve en empleos que no me gustaban, todo el tiempo sentía que había algo más por descubrir pero que mi vuelo no tenía rumbo.

 

Sabía que ese final de año traía consigo el cierre de ciclos, así que me rendí a la sabiduría universal, haciendo un ejercicio consciente de desapego, y con ello crear espacio para lo nuevo.

 

Me despedí de una relación de pareja que fue muy significativa durante 4 años, creía que el tan sonado “amor de mi vida”, era él. Nos despedimos en un aeropuerto, él volaba con destino y maleta en mano, y yo no sabía para donde volar. Sólo sabía que dejarlo ir representaba para mí la libertad y la oportunidad de volver a mí, a mi centro, a mi corazón y a mi amor propio, me sentía lista para transformar las tristezas y enojos en aprendizajes. La energía ahora era de mí, para mí.

 

Así que, el último día del año, honré mis experiencias, inmersa en el bosque de niebla en Acatlán, Veracruz (donde actualmente estoy desarrollando mi proyecto de Maestría), le pedí a la vida, a mí ser y a la Divinidad, que me dieran la oportunidad de encontrarme y renovarme, pedí un lugar donde mi corazón se expandiera, y con claridad poder sumergirme hacia mi verdadera vocación. Anhelaba encontrarme con lo que mi ser ha venido a cumplir en este tiempo y en este presente.

 

Creo profundamente en los inicios y cierres de ciclos, en honrar agradeciendo para cerrarlos y celebrar para abrir nuevos. Ese día, aprecié una conexión que no había experimentado con mi linaje paterno. Fue una despedida de año sin la presencia de mamá, ese fin de año fue la oportunidad perfecta de conectar con mi padre ¡Celebramos estar juntos!

Durante los primeros días de Enero de 2019, recibí un mensaje por parte de la UMA, invitándome al primer encuentro del año de futuros agentes de cambio socioambientales, la “UT0”, yo no entendía mucho, pero las llamadas y el entusiasmo con el que me compartieron el contenido de la Maestría en Agroecología, además de acentos cálidos y amables, las interpreté, como la respuesta sorpresa que la vida me estaba dando.

Así que, me preparé, esta vez, no en la búsqueda, sino al camino del encuentro. La intención de estar en Valle de Bravo en 3 días se materializó y pude viajar.

Generación 2019 Comunidad UMA 13, Enero, 2020
Generación 2019 Comunidad UMA 13, Enero, 2020

Tengo aún lúcido el recuerdo de haber llegado a la UMA el 11 de Enero de 2019, acompañada de Lari, Marco, Alejandro y Paco. Los pasos olían a rocío de la mañana, lavanda, romero y aile. Al momento de entrar al campus, sentí la certeza de estar en un lugar donde ya me estaban esperando. Ese fin de semana, entendí lo que por 7 años venía cuestionando acerca de las maneras de vivir y aprender, que no se alineaban con la manera en la que yo quería vivir.

Estando en la UMA, he aprendido lo maravilloso que es el diálogo, la práctica y la reflexión en colectivo, aprendí a autocuidarme y a cuidarnos nosotras, a estar presente para mí y para otros, descubrí nuevos entusiasmos, aprendí de las múltiples maneras en las que aprendo, he encontrado desafíos que derivan en experiencias valiosas; todo se ha convertido en un aprendizaje.

La UMA me encontró, en el momento en el que más deseaba una oportunidad, cuando mi alma quería evolucionar pero no sabía cómo, ni por donde, ni con quién.

Reconciliarse con uno mismo es un acto de amor donde la conciencia del contexto emerge de aquellos sonidos y silencios internos y externos, que nos indican bienestar ante las adversidades con la certeza de sabernos capaces de crear (Gypsy, 2020).

LA UMA me encontró, para vivir mi vida con propósito desde mi esencia, para cocrear, evolucionar, manifestar y celebrar la vida en todas sus manifestaciones. Aquí es donde mi historia adquirió sentido.

Pertenecemos a una comunidad donde la diversidad es reconocida, abrazada y celebrada, donde los límites y la idea de separación se disuelven y escalamos hacia algo “más allá”. Nos convertimos en fuente de apoyo, de inspiración y aspiración a la manifestación de sueños compartidos. Somos un lugar de refugio y reconexión para los que somos llamados a ser, estar y compartir.

Nutrimos nuestra comunidad cuando nuestro ser está alineado con su propósito y aquello que es impulsado por el corazón y éste, a su vez se alinea con la fraternidad de todas las personas que hacemos parte de ella. ¿Cuándo?, cuando la comprensión y la compasión son nuestro lenguaje; cuando nos escuchamos profundamente para compartir visiones, sentipensares y pesares, cuando ofrecemos nuestros potenciales regalos al mundo o cuando sencillamente nos tomamos tiempo para estar presentes unos para otros.

 

Estar en la UMA ha sido un ritual, celebramos las historias de llegada, el presente, y el futuro, pues, alimentamos también al espíritu. Hoy tengo claro que necesito sentarme en círculo, compartir la palabra y el canto alrededor de un fuego. Sé, que me encontré con mi tribu, una tribu que acompaña y contiene, donde amo y soy amada. Sé que largos años me esperan con amigas y amigos con quien reír, llorar, hacer ritualitos, subir montañas, amar la naturaleza y tomar café.

 

La comunidad UMA, somos corazones cantándole a la vida, a la Tierra, a la existencia, es un regalo de Dios para mí, donde nuestro sentido de existir encuentra resonancia con nuestra prolongación hacia el futuro, alimentando así, nuestro sentido de trascendencia.

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