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Laboratorio Ciudadano: el poder del caos y de la inteligencia colectiva

Laboratorio Ciudadano: el poder del caos y de la inteligencia colectiva

Laura G. Agudelo MAPS – segundo semestre

Hace más o menos un mes nuestra omnipresente Ana Lucía compartió por redes la siguiente información: ¡Hola! Los ciudadanos de Valle de Bravo hemos organizado un laboratorio social para colaborar en la creación de soluciones colectivas a problemas locales. Hay cinco proyectos que fueron seleccionados, que son impulsados por ciudadanos de a pie que buscan soluciones en asuntos de urbanismo, movilidad, gestión de residuos, medio ambiente, equidad de género, cultura y arte, entre otros. ¡Va a estar increíble el proceso! Son cuatro días de prototipado rápido en el que nos juntaremos varias personas a co-crear las soluciones propuestas por estos proyectos e implementarlas a ver qué pasa.

¿Qué tienes para ofrecer?

Cuando leí la convocatoria me sorprendió la invitación y supe desde la emoción que quería estar ahí, sin entender muy bien de qué se trataba ni mucho menos cómo sería el proceso. Aún estando fuera de la fecha límite, decidí llenar el formulario y aplicar. Elegí tres proyectos de mi interés: composta urbana, jardines polinizadores y un cine móvil. Conté con buena suerte y habían extendido el tiempo de aplicación, así que estaba a punto de ser parte del experimento.

Enfrentarse a la pregunta de qué es lo que tienes para ofrecer en un contexto nuevo y en temas que quizá no son de tu experticia, puede resultar estimulante o paralizante. Puedes optar por mirar hacia dentro y encontrar un tesoro a la espera de ser compartido, o por juzgarte desde fuera y conjugar en la tercera persona del singular tu poca valía y pertinencia. Gracias al proceso que he vivido durante estos meses en la UMA, agradezco haber elegido la primera opción porque el costo de “no hacer” es demasiado alto cuando ves el resultado de entregarte desde el corazón y superando las limitaciones que nos imponemos desde el ego.

La iniciativa de Ambiente CieloRojo

Después de un proceso de los organizadores del Laboratorio Ciudadano (Espacio Odisea) y de los proponentes de los proyectos, me incluyeron en la iniciativa de Ambiente CieloRojo (CieloRojo); un proyecto que ya conocía parcialmente y admiraba, y cuya propuesta de Cine Móvil me conectó con los tiempos en los que participé haciendo guiones para un programa de televisión. Así que asumí que mi participación sería contribuir con la elaboración de contenidos sobre patrimonio biocultural de un territorio que hasta ahora estoy conociendo. Todo un reto, pensé, “pero me gusta escribir, tengo algo de idea en tejer puentes entre cultura y naturaleza, vivo aquí, me fascina este territorio, puedo leer sobre él…seré útil…”

Antes de las primeras jornadas de co-creación, recibí una llamada de “agradecimiento” por haberme interesado en la propuesta. Mi observador mala onda pensó “por qué te agradece este hombre si seguramente lo que tienes para ofrecer alguien lo hará mejor, o será redundante con lo que ellos ya hacen…”. Percibí el compromiso de Juan Pablo (CieloRojo) con el proceso pero no muchos más detalles sobre la “forma” que tendría. De repente vino a mi mente El Loco del Tarot (primera carta), mandé a volar a la tercera persona del singular y creció mi emoción y confianza en la incertidumbre.

 

La magia de la escucha generativa

Ahí estaba un par de días después en Espacio Odisea, escuchando conversaciones técnicas sobre la estructura de la carpa, la forma y tipo de sillas, la marca del coche, los precios de las pantallas, la fuente de la bicicleta generadora, en un grupo conformado por ingenieros, diseñadores, arquitectos y Juan Pablo, el cineasta. Y yo, bióloga poco convencional, repasando en mi mente la magia de la escucha generativa, buscando alguna pista de liderazgo conversacional y bajándole el tono cada dos por tres al juicio, entrenando a mi auto-observador compasivo y amoroso. Toda una umana de segundo semestre.

Y no es broma, puedo reconocer ahora el valor que requiere observarse sin juicio aún en los momentos en los que no sabemos qué esperar de nosotros mismos y cuando pensamos que no tenemos nada para dar, cuando nos sentimos incómodos y fuera de lugar.

Entonces, si elegimos el amor (gracias Victoria Haro) estamos atentos y nos disponemos a lo emergente, nos entregamos a la presencia viva y ocurre el milagro de la inteligencia colectiva. Aunque esto era algo que ya sabía desde la razón, en este Laboratorio Ciudadano lo entendí desde la acción y agradecí estar ahí con estas herramientas. Esperé un rato, tomé notas, hice un par de apuntes técnicos bien recibidos y formulé una pregunta que generaría nuevas conversaciones y soluciones ¿Qué contenidos llevaremos y con qué propósito?

El resultado de la co-creación

Y de manera espontánea fuimos fluyendo en grupos, juntándonos en torno a retos y alternativas: unos rayaban bocetos del cine en campo, otros seguían buscando cotizaciones, otros concretaban las alianzas con los colaboradores, otros aterrizábamos mediante la narrativa nuestro etéreo prototipo.

Y así llegamos a un resultado conjunto que permitió que el pasado viernes 11 de octubre proyectáramos con la energía de una bicicleta frente a Espacio Odisea un pequeño abrebocas sobre lo que será el documental del Río Tizates, arteria hídrica de Valle de Bravo.

Logramos además construir un Google Site con la información básica del proyecto (Cielo Rojo Móvil) y fortalecimos las alianzas con varios grupos sin los cuales hubiera sido imposible toda esta locura (Sinergias). Muchas gracias a Lu, a Espacio Odisea y a todas las personas que confían en el poder del caos y de la inteligencia colectiva.

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