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Mensaje al Senado Federico Llamas Vidales Director Universidad del Medio Ambiente

Mensaje al Senado Federico Llamas Vidales Director Universidad del Medio Ambiente

Mensaje al Senado

Federico Llamas Vidales

Director Universidad del Medio Ambiente

04 Noviembre 2015

Respetables Senadores y miembros de foro,

Senadora Silvia Garza Galván, Presidenta de la Comisión Especial de Cambio Climático.

Lic. Román Uribe, Presidente de IMDOSOC

Es para mí un honor hablar ante ustedes. Gracias por la invitación.

Tengo un especial entusiasmo de hablar el día de hoy sobre Políticas Públicas a la luz de la encíclica Laudato Si, del Papa Francisco. A pesar de que soy una persona agnóstica, es un privilegio dar voz a un líder religioso que nos habla con la verdad. La encíclica es valiente y clara. Nos señala múltiples problemas que estamos enfrentando en todos los piases del mundo y explica sus causas de fondo.

Su mensaje es especialmente importante para los legisladores de nuestro planeta. Son quienes tienen la posibilidad inmediata de cambiar nuestro camino. Es una gran responsabilidad que el Papa pone en manos de legisladores como ustedes. En la encíclica nos dice:

“Toda la sociedad –y en ella, de manera especial el Estado– tiene la obligación de defender y promover el bien común”… La atenuación de los efectos del actual desequilibrio depende de lo que hagamos ahora mismo… ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?”

Los problemas ambientales y sociales no pueden dejarse a nuestros hijos. Para entonces, los problemas serian demasiado grandes. Y el reto no es menor. Es especialmente atinado cuando el Papa nos dice “estamos ante la urgencia de avanzar hacia una valiente revolución cultural”

Una idea que se reitera en diferentes secciones de la Encíclia, y que me parece especialmente importante, es que la crisis social y ambiental es una sola y una de sus principales causas es la búsqueda de un crecimiento económico ilimitado, siendo que los recursos naturales son limitados.

El Papa menciona:

No hay dos crisis sepa­radas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental.

Las crisis de pobreza, inequidad, violencia, y destrucción ambiental son una sola. De hecho, la crisis ambiental está siendo causada por nuestro sistema socio-económico, y los afectados de esa crisis seremos los humanos, especialmente los pobres.

El Papa reitera…

“No nos servirá describir los síntomas, si no reconocemos la raíz humana de la crisis ecológica”

Hay poca discusión ahora en los ámbitos científicos, culturales y políticos que la presencia y las actividades de los seres humanos están teniendo efectos en la salud del planeta entero. La afectación en el clima es una de estas consecuencias, pero no es la única. Hemos perdido el 30% de la biodiversidad del mundo y los sistemas básicos de nutrientes a nivel planetario están desbalanceados. La pérdida de biodiversidad y el desbalance en el ciclo del nitrógeno están en rangos tan alarmantes como la situación actual del clima.

Si reconocemos una íntima relación entre las diferentes crisis mundiales, nos podemos preguntar: ¿Qué está causando estos problemas? El Papa lo expresa con toda claridad y sencillez. Nos dice:

Simplemente se trata de redefinir el progreso. Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso.

Aquí el secreto. Hemos adoptado a nivel global una sola definición de progreso. Calidad de vida, bienestar, bien común, lo hemos equiparado con crecimiento económico. Nuestros sistemas educativos, políticos, y culturales ahora están enfocados en un objetivo principal: crecimiento económico.

Pero el enfoque único en crecimiento económico tiene dos graves problemas:

  1. El primero es que supone recursos naturales ilimitados, lo cual simplemente no es real.
  2. El segundo es que el ser más ricos económicamente, no necesariamente nos hace más felices.

El primero de los problemas es tajante y objetivo. Simplemente no alcanzan los recursos naturales para un crecimiento económico ilimitado a nivel global. Una forma clara de verlo es entender el concepto de la huella ecológica. Pensemos en el estadounidense promedio. El ejemplo que el mundo entero está tratando de seguir y alcanzar. De acuerdo a la medición de la huella ecológica, si todos los habitantes del planeta viviéramos con el nivel de consumo del estadounidense promedio, requeriríamos los recursos naturales de cinco planetas! Y evidentemente no los tenemos. Solo tenemos uno. Nuestros sistemas económicos están diseñados para maximizar el crecimiento económico e intentar que todos vivamos como ellos. Los estadounidenses son 320,000 millones de personas. ¿Qué pasaría si los 2500 millones de personas que viven en China y en la Inda efectivamente logran llegar a vivir como un estadounidense? ¿O si los 11000 millones de personas que seremos en unos años intentan vivir como el estadounidense promedio? No hay forma que nuestros recursos naturales alcancen.

El Papa entiende esta realidad y lo expone de manera clara:

“…(nuestro sistema) supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a «estrujarlo» hasta el límite y más allá del límite”

No ahondaré más en esta limitante de los recursos naturales ya que es claro y globalmente reconocido. En este momento es el principal y casi inamovible obstáculo a un sistema que depende de un crecimiento ilimitado.

Pero hay un segundo cuestionamiento. Quizás más subjetivo, pero no de menor importancia. Este es, qué después de cierto nivel económico, tener más dinero no necesariamente nos hace más felices. Inclusive puede ser contraproducente. Es cierto que para una familia en franca pobreza, la forma más directa para mejorar su calidad de vida, es mejorar su bienestar material. Pero más allá de lo que normalmente entendemos como clase media, el aumentar la riqueza económica tiene pocos efectos en mejorar la felicidad. Una evidencia de esto es que el estadounidense promedio ha duplicado sus ingresos durante los últimos 40 años mientras sus reportes de felicidad se han mantenido estancados.

El más claro reflejo de nuestra obsesión con el crecimiento económico es la importancia que damos al Producto Interno Bruto. Es interesante saber que Simon Kuznets, quien inventó la métrica del PIB, cuando lo presentó al congreso de estados unidos en 1934, dijo:

Hay que tener en cuenta las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento, entre sus costos y sus beneficios y entre el largo y corto plazo. […] Los objetivos de “más” crecimiento deberían especificar de qué y para qué.” …Y aclaró… “Es muy limitado deducir el bienestar de una nación a partir de su Producto Interno Bruto”

Él sabía que no debíamos confundir el crecimiento del PIB con bienestar. Pero no hicimos caso, a partir de ahí, la mayoría de los países se han enfocado en el objetivo limitado del crecimiento económico.

Inclusive lo dijo más claro Robert Kennedy, dos meses y medio antes de ser asesinado, en 1968:

“El Producto Interno Bruto no mide ni nuestra inteligencia, ni nuestra virtud, ni nuestro coraje, ni nuestro aprendizaje, ni nuestra misericordia. No mide la salud de nuestros hijos, ni la calidad de nuestra educación. No se preocupa por evaluar la calidad de nuestros debates políticos, ni la integridad de nuestros representantes. No tiene en cuenta nuestro valor, sabiduría o cultura. El PIB mide todo al detalle, excepto lo que da verdadero sentido a nuestra vida”.

El papa comenta al respecto:

…la exclusión social, la inequidad en la disponibilidad y el consumo de energía y de otros servicios, la fragmentación social, el crecimiento de la violencia y el surgimiento de nuevas formas de agresividad social, el narcotráfico y el consumo creciente de drogas entre los más jóvenes, la pérdida de identidad. Son signos, entre otros, que muestran que el crecimiento de los últimos dos siglos no ha significado en todos sus aspectos un verdadero progreso integral y una mejora de la calidad de vida”

Ahora bien, ¿qué alternativas hay a esta obsesión con el crecimiento económico ilimitado? ¿Qué se puede hacer desde la perspectiva de política pública para adaptar nuestro sistema económico a una realidad en donde la población humana se ha multiplicado, la naturaleza se ha devastado, las inequidades crecen y la calidad de vida se estanca?

Como bien nos dice el Papa, debemos redefinir lo que es desarrollo. Y es lo que está sucediendo en diferentes partes del mundo:

El Buen Vivir del Ecuador, la medida de Felicidad Nacional Bruta en Bután, la Economía del Bien Común en Austria, los pueblos en transición de Inglaterra, las economías locales del oeste de Estados Unidos, Costa Rica como el país más sostenible del mundo, el surgimiento de las empresas de impacto, el Happy Planet Index del New Economics Foundation, Human Development Index de la ONU, las reivindicación de las comunidades indígenas en Latino América, son todos ejemplos de exploraciones para encontrar alternativas urgentes al sistema depredador actual.

De todos estos ejemplos y alternativas que menciono, quisiera resaltar cuatro políticas públicas que pueden atender la raíz del problema.

  1. Medidas Alternativas al PIB. Urge instaurar oficialmente métricas más amplias y sensibles que el PIB, integrando en el mismo la contabilidad de la huella ecológica. Por ejemplo, el Happy Planet Index mide calidad de vida en relación a la huella ecológica del país. Así, se convierte en una definición de progreso más completa y sostenible: el bienestar humano en relación a al consumo de los recursos planetarios.
  2. Fomentar Economías Locales Promover políticas públicas que busquen que las grandes ciudades puedan proveer mas del 50% de sus necesidades básicas (agua, alimentos y energía) de fuentes locales, reduciría de manera drástica su huella ecológica, fortalecería su resiliencia ante retos ambientales y mejoraría la economía de sus habitantes.
  3. Legislar las Empresas de Impacto. A nivel mundial está surgiendo un nuevo tipo de empresario y de empresa que buscan utilizar la fuerza de los negocios en las soluciones socio-ambientales. A este tipo de empresas se les está llamando Empresas de Impacto y representan una nueva frontera del capitalismo. Empresas que su razón de ser es más allá de lo económico. Muchos países ya han creado leyes que impulsan este tipo de organizaciones. En México urge un nuevo tipo de persona moral que reconozca, proteja y regule esta trascendental innovación al capitalismo.
  4. Promover la equidad de ingresos. El sistema capitalista no ha sido efectivo en distribuir de forma equitativa la riqueza. Según una reciente estadística de la revista Forbes, el Director general promedio en Estados Unidos gana 373 veces más que el empelado de ingreso promedio. ¡373 veces! Es decir que si el ingreso promedio fuera de 10,000 pesos mensuales los directores están ganando tres millones setecientos treinta mil pesos… al mes!!! Claramente una señal de inequidad y condiciones ideales para la inestabilidad social. ¿No sería más razonable una relación menor a este exorbitante número? En Europa se está discutiendo una ley que regule el número de veces de quien gana más en una empresa en relación a quien menos gana. Por ejemplo, en la Universidad del Medio Ambiente, donde yo laboró, por política, quien más gana no puede recibir más de 15 veces del que menos gana. El papa habla con claridad en este respecto al decirnos:

Para que haya una libertad económica de la que todos efectivamente se beneficien, a veces pue­de ser necesario poner límites a quienes tienen mayores recursos y poder financiero… El bien común requiere la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva, cuya violación siempre genera violencia

Estas, son cuatro legislaciones que atienden de raíz el problema que enfrentamos. A la raíz de un sistema que vive bajo la falacia de un crecimiento ilimitado y que no logra distribuir la riqueza de forma sensata.

Pensar en una legislación de esta naturaleza es ambicioso. Es levantar la vista y legislar con un pensamiento de más largo plazo, con una visión más amplia. Podríamos pensar que es utópico, que es idealista. ¿Pero no es más idealista pensar que podemos seguir agotando sistemáticamente los recursos naturales de los cuales dependemos? Si el crecimiento económico está poniendo en riesgo el lugar en dónde vivimos, y no mejora nuestra calidad de vida, ¿por qué lo hacemos? Crecer por crecer es la misma vocación de un cáncer.

El Papa habla con la verdad cuando dice:

No habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano…Si nos acercamos a la naturaleza y al ambiente sin esta apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos…

Quisiera terminar la plática, invitando a todos ustedes, como representantes de la población Mexicana, que se sumen y tomen inspiración de la visión sistémica, amplia y de largo plazo que nos ofrece el Papa Francisco, y que igual que él, asuman la responsabilidad y la valentía para plantear reestructuras de fondo a un sistema que a nivel global nos está llevando a la destrucción de la única casa que tenemos.

Gracias.

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