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Nuestro vínculo con la naturaleza

Nuestro vínculo con la naturaleza

Por Sergio Sven Hdez Reza

“… una persona, y toda la humanidad, de la cual es inseparable, prácticamente olvida que está conectada de un modo indivisible con la biosfera, con esa parte específica del planeta donde vive. El ser humano es elementalmente indivisible de la biosfera. Y esta inseparabilidad apenas ahora empieza a quedarnos clara con precisión. En realidad no existe ningún organismo vivo en un estado libre en la Tierra. Todos estos organismos están conectados de modo inseparable y continuo, primero, y antes que nada, por la alimentación y la respiración, con su ambiente energético material.” (Vernadsky,1945, p. 12)

En la UMA trabajamos constantemente en repensar nuestra relación con la naturaleza. Tenemos la oportunidad de hacerlo a través de los enfoques de distintos autores. En una ocasión, al leer el extracto de un texto de Edgar Morin, filósofo y sociólogo francés, encontré que citaba a un bio geoquímico ruso poco conocido con el cual ya había tenido la oportunidad de conversar en otro momento de mi vida. Gracias a él, y otros autores, se redireccionaron mis pasos y me condujeron hacia la UMA. Así pues, la alegría que significó el encontrar esa cita en un texto para desarrollar una tarea, sin duda me hizo sentir que estaba en el lugar correcto.

Este amigo ruso del que les hablo es Vladimir Vernadsky. Vernadsky desarrolló una tesis para plantear nuestra relación con la naturaleza. Propuso dos sistemas: el de “la materia viva” y el de “la no viva” del planeta, el ser humano, por lógica, cae en uno de ellos. Esta idea da cuenta de que nos encontramos en un sistema que contempla a todos los seres vivos, no podemos vernos fuera de esa esfera de acción.

Vernadsky nos invita a que no olvidemos que la materia viva se desarrolla en una capa muy específica de nuestro planeta. Así que la materia viva, per se, no representa una gran proporción en peso en comparación a todo lo demás. Sin embargo, al parecer es la única materia que evoluciona -visto como mejora, no como cambio-: “El proceso evolutivo sólo es característico de la materia viva. No hay manifestaciones suyas en la materia no viva de nuestro planeta. El cambio en la estructura morfológica de la materia viva, observado en el proceso de evolución, conduce de forma inevitable a un cambio en su composición química.”(p.12)

Por ejemplo, la aparición de los bancos de calcio, de hierro, del petróleo, y otras concentraciones de elementos, probablemente, son gracias al cambio químico que sucedió en la materia viva. Es decir, dentro de la franja donde la materia viva ocurre hay una región en donde se depositan biosferas anteriores. Esta idea de transmutación evidencia que todo deviene en algo más. El mundo mineral, de la no vida o abiótico, es capaz de ser asimilado por el mundo de la biosfera, y ésta regresará de nueva cuenta, a través de un proceso muy largo, a formar parte del mundo de lo abiótico, formando así un ciclo de expansión y retracción continuo.

Imagen de la Tierra desde el espacio. Fuente: Pixabay

Ahora bien, Ángel Maya, uno de los más importantes pensadores ambientales colombianos y latinoamericanos, nos comenta que dentro de todos los organismos que componen a la materia viva, el ser humano es un ser distinto: “…desde el inicio de la vida pluricelular, hace unos 600 millones de años, la evolución se desarrolló a través de lo que podemos llamar la adaptación orgánica. Ninguna de las especies se independiza de esta estrategia adaptativa … Lo que aparece con la especie humana significa una revolución evolutiva …” (p.71).

Esta revolución evolutiva de la que habla Ángel Maya es gracias al fenómeno de la cefalización. Este fenómeno se refiere a que en el transcurso del tiempo, ocurre un proceso de crecimiento del sistema nervioso central que comenzó en los moluscos (cefalópodos) y, que hasta el momento, termina con el ser humano. Gracias a la cefalización el ser humano pudo tomar un camino evolutivo distinto, no solo orgánico o biológico sino psico social, capaz de generar una cultura:

“La cultura es una forma adaptativa surgida en el proceso mismo de la evolución, que modifica drásticamente los mecanismos adaptativos anteriores … Es un hecho tan natural como la evolución biológica. Más aún, es la prolongación de dicha evolución. Es la naturaleza la que se convierte en cultura.” (Maya, 2013, p.74)

Gracias a este mecanismo evolutivo, el ser humano ha logrado tener presencia casi en toda la franja que compone a la biosfera y actualmente hasta ha logrado salir de ella. Esto se vuelve más relevante al comparar la masa del ser humano en comparación con la materia viva total:

“la totalidad de la humanidad junta representa una masa insignificante de la materia viva del planeta. Su fortaleza no deriva de su materia, sino de su cerebro. Si la humanidad entiende esto, y no usa su cerebro y su trabajo para la autodestrucción, se abre ante sí un futuro inmenso en la historia geológica de la biosfera.” (Vernadsky, 1945, p.12)

A esta fuerza del ser humano Vernadsky la llama Noosfera y la entiende como la última fase evolutiva de la biosfera: la naturaleza consciente. Y es a través de la consciencia que creamos diversos ecosistemas culturales inscritos a la dimensión noosferica, tal y como la humanidad, vista como parte de la materia viva, está inscrita a la dimensión biosférica.

En el texto de Edgar Morin, en donde encontré la cita de Vernadsky, se plantea la existencia de bucles o triadas. Así, desde el enfoque complejo, podemos entender el siguiente bucle en donde participan tres dimensiones: la dimensión abiótica – la dimensión biótica – la dimensión noosferica.

Somos seres complejos en un universo complejo. Y la complejidad no puede entenderse desde un punto de vista único, desde un centro. Muy probablemente ni en el Universo mismo exista un centro, entonces ¿por qué pensarnos en el centro de la naturaleza? o ¿por qué pensarnos fuera de la naturaleza? Como dice Ernst Gotsch: “… creemos que somos los inteligentes y no vemos que solo somos parte de un sistema inteligente.”

 

Bibliografía:

  1. Vernadsky, Vladimir (1945). La biosfera y la noosfera. American Scientist, 33(1), Xxii-12.

http://www.jstor.org/stable/27826043

  1. Ángel Maya, Augusto (2013). El Reto de la Vida. Ecosistema y Cultura, Una Introducción al Estudio del Medio Ambiente. Segunda edición.Publicación en línea: www.augustoangelmaya.com
  2. Morin, Edgar (1999) Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura. París, Francia.
  3. Life in Syntropy (2015, 2 de diciembre). Agenda Gotsch https://youtu.be/gSPNRu4ZPvE

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