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Aguas (in)finitas

Adriana Rodríguez Zamudio. Estudiante de la maestría en Arquitectura, Diseño y Construcción Sustentable

 

La mayoría hemos escuchado desde los medios, la propaganda y la nueva publicidad ‘verde’, el énfasis en la escasez del agua. En las últimas semanas la CONAGUA, SACMEX y la CAEM informaron la reducción en el abasto para la Ciudad de México, debido a la condición de 50% de almacenamiento en el Sistema Cutzamala, un nivel por debajo de los peores niveles registrados en los últimos 25 años. Además, el Servicio Meteorológico Nacional pronosticó en la CDMX un 2021 sin lluvias abundantes. Aunque los mensajes son alarmistas y existen esfuerzos desde la educación para cambiar los paradigmas en los hábitos de uso del recurso hídrico, parece difícil lograr resarcir el impacto.

El tiempo que implica hacer una transformación profunda por parte de nuestra sociedad, no va a la misma velocidad del crecimiento del consumo; los conflictos potenciales en torno a la cantidad disponible y la presión hídrica aumentan cada día más en zonas conquistadas y explotadas en función de intereses económicos y desde la asunción – que casi todos tenemos – de usar el agua en un modelo lineal como si fuera infinita.

Por un lado, la presión hídrica es la cantidad del recurso que es extraída respecto a lo que se recarga en el ciclo natural y renovable. El agua renovable es la cantidad de agua máxima que es factible explotar anualmente sin alterar el ecosistema, es decir, la que se renueva por la lluvia. (CNA, 2018) En algunas regiones, como la XIII Región correspondiente al Valle de México, se usa 141.4% del 100% de agua que se renueva, es decir, hay una presión muy alta de demanda que impide que se regenere naturalmente el ciclo; por ello se están tomando medidas como extraer agua de pozos en el oriente de la ciudad, que tienen 1000 m. de profundidad y aproximadamente 2000 años de antigüedad.

Además, otro conflicto potencial para el futuro corresponde a la distribución de dicha agua renovable: el centro, norte y noreste son las zonas más secas del país, ahí ocurre sólo el 33% del agua renovable pero se genera el 83% del PIB en México y vive el 77% de la población; en contraste, en el sur y sureste de México se encuentran las zonas más húmedas y ocurre el 67% restante del agua renovable, vive el 23% de la población y se produce el 17% del PIB nacional. Estos números reiteran la oportunidad de actuar de acuerdo a lo que cada hábitat puede ofrecer sin alterarlo ni comprometer su bienestar.

Por otro lado, la huella hídrica es el impacto de las actividades humanas en el agua, incluido el consumo de bienes y servicios, tanto locales como importados. Por ejemplo, un kilo de maíz necesita 1,222 litros de agua por kilo, mientras que un kilo de carne usa 15,415 litros. México tiene una huella de 1,978 m3/persona/año, que significa 42% más del promedio mundial, es decir, cada mexicano consume casi lo mismo que 1.5 habitantes promedio del mundo, sin embargo los números oficiales indican (y es bien sabido) que un alto porcentaje de la población urbana y rural no tiene acceso a agua potable.

Entonces, ¿qué alternativas existen? ¿qué primeros pasos se pueden tomar para pasar del discurso a la acción? En ese andar de pensamientos catastróficos me encontré con el Diplomado de Manejo Integral de la UMA y cursarlo me cambió la vida. La experiencia, conocimiento y entusiasmo de los facilitadores, alumnos e involucrados generaron espacios de aprendizaje integral en todos los sentidos.

En el diplomado se discute el tema desde sus orígenes, por ejemplo: los teotihuacanos daban valor al recurso hídrico, no dependían de una sola fuente, aprovechaban manantiales, caudales, jagüeyes y canales; en Mesoamérica se usaban ductos, drenes y pozos de piedra, uso de niveles, canaletas superficiales; en Nazca, Perú se desarrollaron acueductos subterráneos y espirales con estudios de pendientes para acarrear de manera accesible y actualmente se siguen usando para riego. Asimismo, el diplomado abarca la situación actual del agua en México: donde se encuentra, a quien le pertenece, como se determina si es potable, etc.

El corazón del curso se concentra en los modelos sostenibles de captación de agua de lluvia en pequeña y gran escala, su manejo, almacenamiento y conducción, así como la potabilización y tratamiento activo y pasivo de aguas residuales. Las posibilidades y ejemplos que visitamos, tales como el campus de la UMA, la Reserva del Peñón y un par de humedales en Valle de Bravo, algunos edificios y la comunidades de San Andrés Totoltepec en la CDMX, son fascinantes y alentadoras hacia un futuro deseable.

El agua es un regalo que hace comunidad, educa, sana y garantiza el bienestar. La vida se desarrolla a partir de la presencia de agua y este diplomado invita a priorizar el derecho a la vida por encima de todo lo demás.

Fuentes:

Comisión Nacional del Agua. (2018). Numeragua. México: Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Israel Zamarrón. (2021). Cutzamala dará la menor dotación de agua a la CDMX desde 2009. Tomado el 17 de marzo de 2021,
de Forbes México Sitio web: https://www.forbes.com.mx/cutzamala-dara-la-menor-dotacion-de-agua-a-la-cdmx-desde-2009/

Universidad del Medio Ambiente. (2021). Manejo Integral de Agua. Tomado el 17 de marzo de 2021, de UMA Sitio web:
https://umamexico.com/tienda/manejo-integral-del-agua/

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