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Experiencia en el curso sistemas de construcción con tierra en la UMA.

Experiencia del Taller Construcción con tierra de la Universidad del Medio Ambiente

Experiencia en el curso sistemas de construcción con tierra en la UMA.

Luis Miguel Esparza Escareño

 

Todo empezó cuando escuché sobre el curso de sistemas de construcción con tierra que ofrecía la UMA (Universidad del Medio Ambiente). Inmediatamente lo relacioné con la tienda, el zaguán y cuarto donde vivieron mis abuelos. Espacios llenos de memorias de la infancia. Con cierto misticismo cuando por las noches se iluminaban con la luz de velas y veladoras (especialmente el día de muertos), y en donde por las tardes de calor en altiplano potosino, se volvían un refugio muy ameno para estar y conversar.

Actualmente el paso del tiempo ha cobrado factura sobre los muros altos y anchos de esa vivienda que, de cierta manera, representa la manera en cómo vivían muchas familias, en una comunidad insertada en un medio rural, muy alejada de las ciudades y, donde el agua siempre fue un elemento muy preciado y difícil de conseguir.

 

El interés por aprender a construir con tierra

La inquietud de aprender a construir con éstos sistemas me nació debido a que en la comunidad donde viven mis abuelos ya no se construye con materiales de tierra, como el adobe. Además, los ejemplos de construcción contemporáneos en la comunidad no representan la esencia cultural del pueblo. Y qué decir del gran impacto ambiental que conlleva el conseguir materiales modernos.

El primer contacto que tuve con personal de la UMA fue a través de su página de Facebook y posteriormente por WhatsApp, con José Ramón. Con él resolví todas las dudas de inscripción así como sugerencias para conseguir un hospedaje económico y cercano a la universidad. Me compartió un folleto electrónico con consejos útiles para evitar imprevistos como: ropa necesaria para los cambios de clima y actividades que realizaríamos, consejos de movilidad en la zona en caso de no llevar carro. También reglas generales de convivencia dentro de la comunidad donde está incerta la UMA. Éste folleto fue genial porque me permitió llevar el equipaje justo y necesario, así como estar prevenido para la lluvia y frío que se presentaron durante el desarrollo del curso.

Desde que comencé a acercarme al campus pude observar que sería algo totalmente diferente a lo que se ofrece en otras universidades. Los caminos de llegada no están concebidos para el uso primordial del automóvil. La gente de la comunidad cercana vive a un ritmo diferente al que estamos acostumbrados en la ciudad. El paisaje que se aprecia es una mezcla de casas con chimeneas humeantes, animales pastando, agricultores trabajando la tierra, canales con agua corriendo, cerros con árboles altos, veredas y caminos.

Lo primero que me recibió al llegar fue una puerta pequeña de madera y un jardín con variedades de árboles y arbustos. No hay una caseta con gente uniformada dando el pase o abriendo-cerrando puertas. Posteriormente hay que subir una ligera cuesta a través de unas escaleras para después encontrarte con los salones, dentro de un área con menos vegetación, si se compara con la del acceso.

 

La experiencia del taller en la Universidad del Medio Ambiente

Todos los días se iniciaba el curso con un “¿cómo están?” y una retroalimentación de lo aprendido el día anterior. Ese “¿cómo están?”, algunos compañeros lo respondían ampliamente y otros con un simple “bien, gracias”. Lo que llamó mi atención fue el que, tanto alumnos como facilitadores del curso, escuchaban y aportaban algo a ese sentir de inicio del día.

Las retroalimentaciones fueron muy útiles puesto que reafirmaba cada día lo que había aprendido el día anterior o recordaba algo que se me había olvidado. En las retroalimentaciones entre compañeros nos compartíamos los conocimientos personales. El facilitador únicamente nos corregía cuando alguna información no era la correcta o nos resolvía aspectos que no nos habían quedado del todo claros. Dichos facilitadores fueron Andreea, Sandy y Javier, todos muy preparados en sistemas de construcción con tierra y con experiencia en otros lugares fuera de México.

Ya entrando en materia, iniciamos conociendo los componentes y propiedades de la tierra de una manera inesperada para mí. Todo fue un aprendizaje con ejercicios prácticos, donde cada quien podía ser partícipe del experimento. Hicimos prácticas sensoriales con la textura de la tierra seca y mojada, la olimos, escuchamos como libera aire cuando se sumerge en un vaso con agua. Hasta me comí un terrón.

Algo que se me quedó muy grabado fue el hecho de que con la tierra hay que hacer mucha experimentación ya que todas las tierras tienen propiedades diferentes. Sin embargo, todas sirven para alguna técnica constructiva. A partir de esa experimentación podremos tomar mejores decisiones a la hora de la construcción y colocación de acabados.

El curso fue muy intenso, ya que ocupamos la mayor parte del día aprendiendo, practicando y conociendo a los compañeros y facilitadores. Las jornadas del curso iniciaban a las 8:00 o 9:00 a.m. y concluían a las 7:00 u 8:00 p.m. No me dio tiempo para conocer Valle de Bravo a la luz del día. Hubo ocasiones en donde terminaba muy agotado físicamente ya que las actividades incluían esfuerzo para excavar, cargar materiales, mezclarlos, etc., pero valió la pena.

Lo que hace diferente a este curso

Uno de los ejercicios que más me gustó y me hizo reflexionar bastante fue el de relacionar, a manera de memorama, fotografías de viviendas con imágenes de familias con cierta tradición cultural manifestada en la forma de vestir. Así relacionamos la tradicional casa Maya con una familia Maya; una familia Tarahumara con su vivienda típica e incluso viviendas de familias holandesas, marroquíes, etc. El ejercicio me ofreció el conocimiento para reconocer que cada familia tiene un acervo cultural, una forma de ver las cosas, una cosmovisión que se manifiesta en el territorio en el que habitan. Es totalmente contrario a la forma en que se construye vivienda social hoy en día, ya que la familia tiene que adaptarse a lo que un proyectista o gobierno en turno entiende por hogar

Al terminar la parte teórica del curso comenzamos con las prácticas necesarias para determinar el sistema constructivo idóneo, para así comenzar a preparar productos. Nos dividimos en equipos y construimos bahareque, tierra ocoxal, adobes y algunas pruebas de aplanados.

En lo personal, el bahareque me pareció un sistema constructivo muy noble, ligero y que no demanda mucho esfuerzo físico para edificar. Lo percibí como el sistema más artesanal de todos puesto que me da la sensación de estar tejiendo entre la estructura de carrizos que le dan soporte.

El adobe merece una mención aparte. Lo estudiamos a mayor profundidad. Dentro del aula aprendimos a modular, a revisar traslapes y a proponer contrafuertes para evitar derrumbes en caso de sismo. Al terminar éstos aprendizajes comenzamos la práctica; mezclar los materiales, acarrearlos y moldearlos para generar los bloques de adobe.

 

Una actividad especial dentro del taller de construcción con tierra

La UMA ya tenía preparada una actividad especial para nosotros, la cual era la construcción de un muro y un arco de adobe. Las piezas ya estaban listas, pero a pesar de esto, la construcción del arco fue todo un reto, desde colocar y alinear la cimbra, acomodar las piezas para arrancar el arco y el acomodo de las piezas que lo conformarían. ¡En fin! Fue muy valiosa la asesoría de Javier quien realizó un ajuste para que el arco trabajara como tal al retirar la cimbra. ¡El resultado fue genial!, tanto que sirvió de muestra para alumnos de la maestría en arquitectura sustentable!

El cierre del curso fue muy emotivo: formamos un círculo entre alumnos y facilitadores donde cada quien expuso lo que le generó mayor impacto, aprendizaje del curso y la experiencia humana del mismo. Alí quedó demostrado que se hizo un buen grupo puesto que todos participamos dentro de un ambiente de cooperación, aprendizaje y mucha alegría.

Sin duda este curso fue una experiencia totalmente diferente, no sólo se impartió un saber pedagógico, también se adentró en el sentido humano, en la conexión con el material de estudio y sobre todo con los compañeros del curso y los facilitadores.

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