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Diversidad de vidas, diversidad de culturas

Diversidad social

Diversidad de vidas, diversidad de culturas

Vivimos en un mundo caracterizado por la diversidad. La vida como la conocemos es el resultado de la interacción de un sinnúmero de especies de seres vivos con distintos tipos de elementos no vivos que configuran el planeta que habitamos. Esta diversidad de la vida en la tierra ha tenido como resultado la expresión y configuración de todo tipo de ecosistemas, desde los más extremos y misteriosos hasta los más abundantes y conocidos. Cuando pensamos en diversidad, solemos asociarla sobre todo a éste tipo de cualidades de nuestro mundo, vinculadas sobre todo a la naturaleza y los animales. Sin embargo, habitamos otro tipo de diversidad igual de rica e igual de importante para sostener la vida en la tierra: la diversidad cultural.

Entendemos por diversidad cultural las variaciones en la forma de vida social del ser humano y sus expresiones. En otras palabras, son todas las posibilidades que hay en términos de sistemas de valores y creencias, comportamientos y formas de organización social que caracterizan a los grupos humanos alrededor del mundo. La diversidad cultural está íntimamente ligada a la diversidad biológica, habiendo una correlación muy significativa entre el índice de diversidad biológica y la presencia de distintos grupos humanos en un mismo territorio.

 

Lo valioso de la diversidad cultural

Los seres humanos hemos coevolucionado con la tierra durante miles de años. Allí donde existen multiplicidad de ecosistemas y hábitats, existen también multiplicidad de grupos humanos con sus respectivas variaciones culturales. Muchos de nosotros hemos aprendido a ser como somos gracias al ambiente en el que crecimos y en el que nuestros ancestros construyeron las sociedades que hoy nos acogen como sus miembros (así como las que se extinguieron en algún momento de la historia).

La coevolución humana con su hábitat es indiscutible. La vemos en cada una de las adaptaciones que los pueblos originarios y las sociedades más antiguas tienen para sus territorios específicos. En este sentido, la diversidad cultural es también un acervo de conocimientos inconmensurable. Es en las distintas culturas donde encontramos saberes y prácticas especializados y acumulados sobre todos los territorios en los que habitan y han habitado seres humanos. Si lo comparamos con la diversidad biológica —que favorece la permanencia y variación de rasgos, comportamientos y genes en los seres vivos para mantener un balance en los ecosistemas—, la diversidad cultural favorece la permanencia de información y maneras de comprender el mundo. Elementos que pueden ayudar a las poblaciones humanas a habitar sus territorios de formas adaptativas y sensibles al contexto local.

La diversidad cultural es lo que hace posible la expresión de la humanidad en múltiples formas y tiempos. Es lo que nos muestra un pedazo de todo lo que somos como especie y como colectividad. Involucra cada uno de los comportamientos que tenemos y que han tenido nuestros ancestros. También, las razones que nos damos para ellos y los valores que informan nuestra manera de ver el mundo. La cultura y nuestra particular forma de crearla colectivamente es una de las cosas que nos hace profundamente humanos. Es que nos hace profundamente distintos unos de otros.

 

La diferencia y el “Otro”

Para la mayoría de nosotros (aunque creamos que tenemos la mente muy abierta y nos consideremos altamente globalizados en nuestra forma de ver el mundo) la diferencia cultural resulta generalmente incomprensible. La forma de ver el mundo que tienen personas culturalmente distintas a nosotros muchas veces permanece fuera de nuestro alcance y de nuestro entendimiento. Muchas veces, esto ha resultado en que veamos a quienes son muy diferentes a nosotros como “los Otros”, lo cual ha provocado todo tipo de sentimientos contradictorios.

Por un lado, el encuentro con “los Otros” ha producido sospecha, extrañamiento, temor y rechazo. A lo largo de la historia humana existen un sinfín de ejemplos de individuos y pueblos enteros que han sostenido guerras y relaciones violentas con todos aquellos que veían y vivían el mundo de maneras distintas. Muchas veces la violencia ha sido resultado del rechazo y la negación de la diferencia. Esa que se arraigan en la imposibilidad de aceptar el hecho de que alguien tan distinto a nosotros puede habitar y vivir en esta tierra y llamarse a sí mismo humano. En estos casos, los “Otros” han llegado a representar todo lo que nos atemoriza y nos amenaza de alguna manera. O todo aquello que consideramos menos que nosotros.

Sin embargo, el el encuentro con ese Otro también puede producir fascinación por lo distinto, curiosidad e incluso admiración. Gran parte de lo que nos ha hecho evolucionar y adaptarnos como especie ha sido el intercambio generoso y genuino entre diferentes culturas. Espacio donde hemos encontrado formas novedosas de habitar territorios distintos y construido cosmovisiones a partir de las historias de los viajeros que llegaban de tierras lejanas. La curiosidad y el interés también han marcado el desarrollo de grandes alianzas. Han tenido como resultado muchas veces la emergencia de nuevos patrones y formas culturales que conservamos incluso hasta el día de hoy.

 

La dominación de los modos de conocer y comprender el mundo

Nuestra realidad es, sin embargo, mucho más compleja. Habitamos un mundo globalizado en el que hay discursos contradictorios sobre “El Otro” y la diferencia. Mismos que muchas veces incluso habitan de formas simultáneas en nosotros m

ismos como individuos y como sociedades. Nuestras sociedades son el resultado de la dominación de unas culturas sobre otras, de la negación constante de la racionalidad y la forma de entender el mundo de muchísimos pueblos alrededor del mundo. No podemos negar la predominancia que tiene la cultura de la modernidad, del progreso, de las grandes potencias globales y los países industrializados sobre el desarrollo de todas nuestras sociedades y nuestras formas de organización.

El resultado de esto ha sido la constante pérdida y erosión de esos “Otros” saberes y formas de entender el desarrollo y la organización social. Los pueblos que sostienen cosmovisiones distintas a las del mundo industrializado han sido sistemáticamente oprimidos y silenciados, desde hace cientos de años. Una de las causas que retroalimentan este proceso ha sido la importación de lógicas y patrones de comportamiento de territorios del Norte global (como EEUU o la Unión Europea) a territorios del Sur global (como África, el sudeste Asiático y América Latina). El resultado: manejos descontextualizados y poco pertinentes de estos territorios.

En este contexto, cobra relevancia preguntarse sobre el papel de la diversidad cultural en la construcción de medios y formas de vida sustentables; coherentes con los territorios en que habitamos o trabajamos. ¿Cómo podemos entablar un diálogo con el otro desde un lugar que aprecia el valor de la diferencia? ¿Qué tipo de herramientas podemos utilizar para incorporar y rescatar saberes “Otros”, saberes distintos a los nuestros, en nuestra vida cotidiana y nuestros proyectos? Necesitamos generar procesos de diálogo y de encuentro intercultural que nos permita enfrentar la complejidad de nuestro mundo. También aprovechar el acervo de conocimientos e información que representa la diversidad cultural.

Esta es una conversación que no se puede agotar en un post de blog, pero en el Diplomado en Interculturalidad para la Sostenibilidad profundizaremos en éstos y otros asuntos alrededor de la diversidad y la diferencia, así como herramientas prácticas para incorporarla éticamente en nuestra vida y nuestro trabajo. Si tienes ideas sobre esto, o te interesa profundizar, súmate a nuestra comunidad de aprendizaje.  Forma parte del cambio que favorece y fomenta la unidad en la diversidad.

 

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